El club de la pelea

18 abr

La nostalgia es un sentimiento amanerado. No puede salir nada bueno de ahí, pero a veces pasa. Ponerse blandito. Hay un punto de inflexión necesario en la vida de todos: cuando ya los amigos de antes no son los de ahora. Asumirlo tiene sus complicaciones, porque involucra la adolescencia, el barrio, el colegio y una manera irrepetible de vivir la amistad. En Hiroshima (Eduvim, 2010), de Juan Terranova (Buenos Aires, 1975), un tatuador de nombre Micky se entera de que su mejor amigo organiza peleas en los bares del Microcentro o Palermo frecuentados por ingleses, yanquis, australianos, etc. No peleas del tipo corremos las mesas, guantes y apuestas: se trata de romperle la cara a varios turistas y, de paso, destrozar el Irish Pub. Enseguida esto pone en crisis la relación del protagonista con su amigo –La Rosa- y, como pasa siempre, la violencia es una excusa para hablar de otras cosas.

La familia, las tribus urbanas, las calles y parques de Buenos Aires como escenografía, la importancia cultural y social en el no tan nuevo paisaje porteño de los locales de tatuajes (que el autor compara con las viejas peluquerías de barrio “donde vas a enterarte qué pasó en tu comunidad cuando dormías o estabas de viaje”). Es una novela de frases cortas, que se lee rápido, con personajes bien definidos, ya sea por el respeto (el caso del hermano de Micky, El Guardián), el pasado, o la ambigüedad (el trato con Jaime, el ayudante del local, lo hace interesante desde la primera aparición en la trama); y también es la historia de un trabajador de clase media que busca crecer en el negocio y al que le gusta vivir en Buenos Aires. Si bien a veces sus reflexiones son las de un estudiante de Filosofía o tiene expresiones demasiado afectadas (“Anduvimos un rato con suavidad por Rivadavia”), Terranova logró un tatuador creíble que disfruta lo que hace sin sobreactuarlo y que en los distintos capítulos cuenta lo que todos queremos saber sobre su oficio: los pequeños detalles de diseño de los dibujos, los clientes típicos, los casos raros, el tatuaje más difícil. Por lo demás, la escena en la que fajan a unos extranjeros es un momento alto de la narración.

Uno puede distanciarse de un amigo como de una ciudad o de una moto.  Aunque suele ocurrir que la decisión no sea del todo consciente. Tal vez en ese dejarse llevar esté el secreto del cambio, la aceptación de las consecuencias.  Algo de eso hay en Hiroshima (que tiene en el capítulo 31 un final perfecto; después, tiene otro). Porque quizás el desprendimiento implique reconocer que somos distintos al que fuimos algunos años atrás, ni mejores ni peores: apenas laburantes rutinarios que a veces tienen ganas de ser un poco inmaduros, y agarrarse a trompadas sin pensarlo dos veces.

3 comentarios hacia “El club de la pelea”

  1. Ariela 18/04/2011 a 2:45 pm #

    para mi, algunas veces, alejarse de lugares/personas que te acompañaron en algunos momentos de tu vida es sinómimo de crecimiento. Otras, es total pelotudez. voy a leer la novela y comentar más adelante. Besos!

  2. Miss Bgui 18/04/2011 a 4:27 pm #

    Estoy en un momento parecido. Creo que esta novela puede darme señales de cómo actuar, mientras no sea cagándome a trompadas.

  3. La Maga 07/05/2011 a 11:58 am #

    Me dieron ganas de leerlo, gracias!

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