Película N.A.D. (No Apta para Domingos)

11 Abr

Una de las primeras cosas que dije cuando empezó “El ilusionista” fue: “No me gusta que al tipo le vaya mal”. Lo dije medio puchereando, porque me había dado cuenta por dónde venía la cosa y sabía que si empezaba así, en esa película no iba a haber mucho lugar para la alegría. Y sin embargo, no podía parar de mirarla: tengo una debilidad por los señores grandotes y serios con mucho talento y poquísima suerte. Y eso es el ilusionista (además de ser un guión de Tati, y un homenaje a su gran personaje, el Señor Hulot).

A la par del ilusionista en sí, hay un todo que va atacando de a poco y sin que lo sientas. Te va bajando la guardia y termina destrozándote sin llegar nunca al golpe bajo. Qué maravilla cuando el ataque es tan sutil, cuando sin sentirlo el corazón se va estrujando y una molestia casi imperceptible en el pecho se convierte en un paro cardíaco.

El ilusionista es el ilusionista, pero también es lo demás: es el ventrílocuo, el payaso depresivo, es Edimburgo, la lluvia, el silencio y la soledad. Es el público que no aplaude y las luces que se apagan hasta que hay vacío. Hasta que ese todo se convierte en una nada desgarradora.

El ilusionista es perfecta porque todo está orientado para el mismo lado, porque no hay manera de escaparse de ese mundo apagado, con mucha lluvia y mucha, pero mucha desesperanza. Es la historia de la renuncia, de la pérdida de los sueños, de la resignación. Todo es cuesta abajo, todo va perdiendo el color y la alegría. Es la historia del abandono, de la soledad, del querer y no poder. Y la poesía de la desesperanza contrastada por los dibujitos animados (cuántas veces nos confundimos y pensamos que los dibujitos animados son tan llenos de felicidad que prácticamente se vuelven inverosímiles) le da a la película un aire fantástico que, tal vez, sea por lo único que no corrí a pegarme un tiro cuando la terminó.

Lo que sí me pasó cuando terminó fue encontrarme llorando como un bebé. Me costó un paseo, media hora de silencio, un helado y una siesta recuperarme del bajón. Y aun recuperada, no podía recordar ni media imagen de la película sin empezar a mariconear de nuevo.

Qué mal la pasé.

Pero qué bueno que estuvo.

 

La yapa: si viste Mary and Max y te gustó, te va a pasar lo mismo con El ilusionista. Si viste El ilusionista y te encantó, andá corriendo a ver Mary and Max. Si no viste ni Mary and Max ni El ilusionista, no sé qué carajo hacés perdiendo el tiempo en esta paginita.

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3 comentarios to “Película N.A.D. (No Apta para Domingos)”

  1. Anabella 12/04/2011 a 12:29 am #

    Definitivamente no apta para domingos.
    Excelente película.

  2. ezequiel - kekel 20/04/2011 a 12:33 pm #

    El final es terrible. Una joyita diría la abuela.
    También me dan alegrìa la gente grandota, alta, que no viven en la aceleración de un cuerpo chiquito. QUe no se sienten comodos con el mundo.
    Hace poco la recomende. EN vez de decirme que linda, me dijeron: Un poco larga.
    Tendrìa que hablar con menos pelotudos en mi vida.
    Sorry, catarsis.

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  1. La tristeza de lo real | Mínima Cinematográfica - 14/01/2014

    […] Y sin embargo es lo más triste que vi en mucho tiempo y la tristeza que sentí cuando terminó es la misma que sentí hace cinco años acá y hace otros dos acá. […]

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