Archive | Desviados Hermosos RSS feed for this section

Catube: ¿Sueñan los hombres con felinos humanos?

21 Jul

¿Qué hay detrás de esa compulsión tan actual a filmar gatitos y subirlos a Youtube? En principio, gente. Mucha. Millones de personas viendo al que se le cae la cabeza del cansancio; o al otro, que gimotea y recibe el abrazo protector de la madre; o a ése que pareciera imitar un ladrido. Entonces, qué. ¿Nos da ternura, gracia, las dos cosas juntas? ¿Nos gusta verlos tan humanizados? Bueno, ahí vamos. Porque una cosa lleva a la otra, y algunos van un poco más allá: no les alcanza con el click hacia el mundo simpático y asombroso de las morisquetas felinas.

Desde el 2000, y a partir de entonces todos los años, en el estado de Illinois se lleva a cabo el Midwest FurFest, que básicamente es una convención de furrys. Amantes de los animales y el cartoon. Y de las pieles. Y de los animales antropomórficos. Y de los disfraces de avestruz, zorro, lobo, mapache. Y de todos pero todos los peluches que puedan tener siempre y cuando, claro, sean de alguna especie distinta a la del hombre. Porque la mayoría no está conforme para nada con la forma que les tocó. La humana.

“Realmente no me gusta. El cuerpo, la carne, el diseño general del hombre, no me gusta”, dice Marshall Woods, de 39 años, en una entrevista para Vanity Fair. Está disfrazado de mapache. Dibuja animales y los sube a su página de Internet; trabaja como sistemas en una compañía que vende goma. “Cuando era chico quería tener forma animal, al menos desde que recuerdo. Y eso le pasa a muchas otras personas”.

Les pasa a los furrys. Plushies. Gente que se junta, entre otras cosas, a rascarse la espalda o el cuello unos a otros, con garras de oso o tigre en las manos (“Skritching”).

Por supuesto que también está el sexo. Yiff o yiffy (si estás excitado) o yiffing (si vas a concretar). Furvert es alguien sexualmente atraído por mascotas.

Fox Wolfie Galen (Kenneth, 39, Pennsylvania) es muy conocido en el ambiente furry. Es comprador compulsivo de peluches por Internet. Dice que puede pagar más de una dólar por cada pulgada de plush. Conejos, zorros, osos, a veces dinosarios.  En la secundaria tuvo experiencias con Ovejeros Alemanes o Labradores.

“Empecé porque el perro empezó. Se me subió a la pierna y dije, wow. Estaba en la edad en que se aprende a ver cómo funcionan las cosas. Ya no lo hago más”.

En 1994 descubrió un sitio que se hacía preguntas como ¿por qué tenés sexo con peluches? ¿Acabás sobre los peluches? ¿Cómo los limpiás? Se dio cuenta de que no estaba solo. Dice que lo que más hace es frotarse con los peluches. Que hay personas que hacen cosas más raras. Agujeros en los peluches. Mutilaciones. Rezos a los peluches. Dice que los videos “crush” son inmorales (circula uno en Internet en el que una adolescente china con pollerita tableada aplasta un conejito (real) hasta la muerte). Fox Wolfie Galen dice que le gustaría ser parte hombre parte animal. Un híbrido. Estuvo con cuatro mujeres diferentes, relaciones largas, pero puede afirmar honestamente que ninguna de ellas estaba ni cerca del placer físico de lo táctil.

“La piel humana se siente bien, es suave y todo, pero no es lo mismo”

Como pasa con casi todo, ya hay un libro sobre el tema. “Deseos desviados: Sexo increíblemente extraño”, de la investigadora sexual Katherine Gates. También, películas de culto: Smush, de Jeff Vilencia (Una chica descalza que siente placer y acaba aplastando gusanos mientras camina). Gates dice que le parece estúpida la prohibición de este tipo de cosas. En 1999 Clinton firmó una ley con el apoyo de la Sociedad por el tratamiento ético de animales. La investigadora agrega: “Puede ser asqueroso, perturbador, molesto, pero prohibirlo es estúpido”. Dice que hay muchas coincidencias entre los amantes del plush y  el “vainilla sex” (el sexo “común”).

“Todo está recubierto de fetiche. No hay nada en el mundo que no pueda ser sexualizado por alguien”.

El Midwest FurFest es bastante aburrido, la verdad. Un conejo saltando por ahí mientras canta Las chicas sólo quieren divertirse. Algunos gatos interpretando canciones de Grease. Un grupo llamado “The Squirrelles”. La remera de uno no disfrazado que dice: “my sexual preference is not you”.

No pasa nada extraordinario, hasta que el lobby del hotel se llena de militares. También tienen su convención ahí. Frente a ellos hay un perro enorme y un lobo y un oso que juega a comerse a su amigo mapache. Un teniente dice que es muy ocurrente. Otro, que no cuesta mucho imaginarse qué hace toda esa gente cuando cierra la puerta del cuarto. Un coronel, que no sabía que era temporada de conejos. Otro, que son un poco raros, pero probablemente piensen lo mismo de ellos. El teniente Patrick George dice que esto es algo para traer chicos y que lo vean. El Mapache le dice que si todos tuvieran actitud furry, no habría guerras en el mundo. El teniente George responde que habrá guerras mientras haya humanos en la tierra.

“No si todos piensan que son animales”, contesta el Mapache.

Christopher Roth, 36: “Soy un tigre en cuerpo humano”. Jack Below (su pareja): “Soy un lobo atrapado en este cuerpo de hombre”. La Liebre de Marzo (O. Holocomb): “Primero, ser humano no está bueno. De hecho, tenemos un culo feo. Segundo, la inteligencia no es una gran cosa. Tener entendimiento no es menos doloroso que ser cazado y asesinado por tu predador”. Uncle Kage: “Ponen ositos en los sueters. Está Bugs Bunny, que nos hace reír. Hay remeras con cocodrilos. Los animales antropomórficos son parte de nuestra cultura”.

Muchos de ellos tienen grandes esperanzas en la genética. ¿Con qué sueñan, entonces? Con tener abundante pelo, una cola, ojos bien redondos y brillosos, como los de los dibujitos animados.

A %d blogueros les gusta esto: