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Rara, como encendida

30 Jun

Ya está sonando por ahí Crystalline, el primer single del nuevo disco de Björk, Biophilia. También ya están dando vueltas por aquí y por allá los primeros comentarios de la “crítica especializada”. Y como siempre pasa con el material de nuestra islandesa favorita la única manera que encuentran para hablar de un disco de Björk es hablando de otros discos de… Björk. Esto se debe a que de verdad no hay muchos sonidos iguales o comparables a los que ella logra en el mundo de la música. Por otra parte, ignorando cualquier tendencia o moda, sumado a su constante amor a los avances tecnológicos que generen ruido, logra lo que pocos: estar un paso, o dos, o tres, adelante del resto. Y estos pasos no son necesariamente los que seguiremos de ahora en adelante, no son hacia el futuro, sino hacia lo nuevo. Una sutil pero importante diferencia.

Y tal vez lo insoportable de tanto talento y sofisticación hace que nos preguntemos: ¿debemos seguir escuchando a Björk? ¿Es necesario exponer nuestros oídos a sonidos que cada vez están más cerca de lo irritante y a esa voz que siempre siempre nos hace acordar a Jennifer Tilly? Es cierto: Debut nos gustó a todos. La canción Human Nature sigue hasta el día de hoy musicalizando documentales y programas de cable. Post también nos gustó, aunque más de cuatro levantaron el dedo acusatorio al grito de “eh, te vendiste al sistema, Björk”. Telegram solo lo compramos (en esa época todavía lo hacíamos) los fanáticos (en esa época todavía no se decía fan). Homogenic maravilló,  con Selmasongs llorábamos recordando la película y Vespertine pasó desapercibido. Médulla asustó a todos ya desde lo negro de su tapa y tipografía (aunque adentro se escondía una de sus más bellas canciones: Oceanía). Volta fue una prueba de fuego. Separó creyentes de improvisados, devotos de oportunistas, valientes de simuladores. Solo quedaron los fieles hasta la muerte (o próximo disco). Además a Volta le debemos uno de los más raros videos jamás filmados: Wanderlust.

La respuesta sería entonces sí. Escuchemos Biophilia por lo menos una vez aunque decidamos no escucharlo nunca más. Crystalline parece anunciar que hay un retorno a un sonido más amable, aunque la duda vuelve con la irrupción del violento drum’n’bass a los 4:19 de la canción.  Además, ya sabemos: con Björk, un botón nunca es muestra.

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