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London Pub

4 Abr

Y Geoff Barrow (Portishead) tuiteó: “¿esta década va a ser recordada como la del encuentro entre el dub y los cantantes de pub?”; no como elogio, claro, porque se ve que el disco James Blake de James Blake no le gustó nada. Y la Rolling Stone –por nombrar una- dijo que se defiende solo: a los 22 años, vive en Londres con los padres, compone en su cuarto, saca un disco con Universal. Barrow debe envidiarle más que nada la juventud pero ¿no sale una estrellita nueva cada año de los bares de UK? ¿Dónde está Esser ahora?

Blake usa bien el mejor instrumento que tiene: su voz. Ya lo compararon con Antony Hegarty (en “I Never Learn to Share” un desprevenido lo confundiría enseguida con el divo lacrimógeno de West Sussex); ya dijeron que es otro chico-blanco-que-hace-cosas-de-negros (“Give me my month” y, sobre todo, “Measurements”); ya tiene un hit (“Limit to you love”, de Feist), que es casi como si al original lo hubiera agarrado un Moby más oscuro.

Y no mucho más: sampleos y distorsión de voces (“Lindesfame I y II”; ahí el disco pierde), bases electrónicas dubstep y minimalistas, teclados y capas de sonido (hay un condensado de eso en “Why don´t you call me” + “Mind”), y hasta una atmósfera Phil Collins en “The Wilhelm Scream” (tampoco creo que sea un elogio, pero qué importa: 22 años: Universal).

Y a los 22 –mal que le pese a Barrow- cierra su primer disco con un gospel  sin adornitos (“Measurements”). Ahí, gana.

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