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Descuartiza el pez dorado

2 Ago

Si hubiera un ranking de las películas más desquiciadas y violentas de la historia del cine, debajo de Una película Serbia(todas están debajo de ésta), y alguna de Takashi Miike, debería seguir Cold Fish (Tsumetai nettaigyo, 2010) del director y poeta japonés Shion Sono. Fue conocido mundialmente con Suicide Club, de un comienzo muy recordado que, para verlo, Youtube te obliga a confirmar que tenés más de 18.

Pero vamos con Pez Frío.

Arranca así: una mujer hace las compras sin ganas, tira los paquetes al carrito con rabia, mientras en un mini homenaje a Gaspar Noé las letras golpean la pantalla: This Is Based On A True Story. La misma mujer cocina sin ganas, come sin ganas junto a su marido (el rutinario dueño de un triste negocio de peces tropicales, viudo) y la hija de su marido (que la odia), y sin ganas se tira a mirar televisión. Después de cenar la hija sale con su novio, y el dueño del negocio vomita todo lo que comió. Empieza a tocar a la mujer en el sillón, pero ella dice que no. Suena el teléfono. Los dos terminan en el cuarto trasero de un supermercado, porque la hija con el novio entraron a robar y los descubrieron. Ahí los salva un simpático personaje, el señor Murata. Que tiene…un súper negocio de peces tropicales. Y una mujer veinte años más joven, Aiko. Y una Ferrari. Enseguida les propone varias cosas. Que la hija rebelde trabaje en su negocio, donde trabajan muchas chicas jóvenes con remeras blancas y polleritas, al estilo Hooters. Que sean socios. Al otro día, cuando la hija se presenta a trabajar, el señor Murata le dice al padre que la deje sola, así se acostumbra, y también le pide tener unas palabras con la madrastra de la nena. Las chicas Hooters sonríen y saludan con corrección militar frente a las peceras. Murata hace pasar a la mujer del otro vendedor a su oficina y ahí le dice que la culpa de todo la tiene el padre de la chica. Que es muy permisivo. Por eso la odia a ella por querer reemplazar a la madre muerta. Además le dice que se saque la ropa. Como la mujer tarda en obedecer, le empieza a pegar. Le manosea las tetas. Le pega más. La tira al piso. En el piso, la mujer pide por favor que le siga dando cachetadas en la cara.

Pasaron 15 minutos de película. Dura dos horas y media.

Lo que sigue va rápidamente del thriller psicológico  a un gore sofisticado. La fotografía es en todo momento impecable. Las peceras iluminadas, con peces anaranjados, dorados y exóticos moviéndose adentro, dan un clima todavía más extraño. Y buenos encuadres, como el del pueblo industrial con una montaña tipo monte Fuji de fondo (que se repite cuando van a exteriores), las tomas del estacionamiento y, en especial, la del tipo sentado afuera de la cabaña con la camisa completamente ensangrentada y un cuchillo en la mano, esperando a la policía. El sonido genera tensión con muy poco: una secuencia de redoblantes, batería o tambores (según el momento), y la marcha fúnebre del tercer movimiento de la Primera Sinfonía de Mahler, que aparece como una especie de leitmotiv cada vez que las cosas se están por poner densas.  Que es todo el tiempo.

Hay escenas de un humor negro genial (Murata, en el fondo, es un comediante) . Hay un personaje (Aiko) que es de los más retorcidos que se recuerden. Hay una trama “Un día de Furia”, pero la de Douglas a lado de ésta es Fantasía.

Como en las películas de Miike (por algo integraría el ranking), el espectador nunca se imagina lo que va a pasar. Puede darse una idea (“Uh, ahora van a coger entre las vísceras del otro”). Quizás ocurre lo que imaginábamos, pero siempre llevado a un extremo inesperado (si es que hay algo más extremo que tener sexo rodeado de intestinos, miembros cercenados y litros de sangre). Creo que al final de la película no dicen que ningún animal fue lastimado durante el rodaje.

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