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El Tamaño de la Expectativa

3 May


Caminando por las callecitas de Buenos Aires, tal vez buscando ese no sé qué que nadie sabe exactamente qué es y que en el fondo no importa, te podés cruzar con algún afiche de la película El hombre que podía recordar sus vidas pasadas. Título con gancho, diría cualquier aspirante a productor o estudiante avanzado de marketing. En el mismo cartel, en la esquina superior derecha, se lee: FASCINANTE MISTERIOSA SUBYUGANTE y “La mejor película de la historia del cine”. Ahí es donde empezás a sospechar. Recordás todas las veces que hiciste caso a la “crítica especializada” y te comiste un embole de tamaño más que considerable, sin kétchup ni mayonesa. Y como si todo esto fuera poco vemos una ramita dentro de un ovalo y la leyenda “PALMA DE ORO FESTIVAL DE CANNES”. Listo, decidido, no la vas a ver ni bajo amenaza. Vos y las películas ganadoras de festivales no se llevan bien, para qué seguir insistiendo.

Pero yo fui. Porque sabía que la película la dirigía Apichatpong Weerasethakul . Mi primer encuentro con este tailandés fue en un Bafici (dónde más podría haber sido), hace varios años atrás. La película era Blissfully Yours y, según recuerdo (tal vez, erróneamente), la sinopsis decía que en Tailandia no había industria cinematográfica y que Apichatpong era el único director de cine de esas paradisíacas tierras. Hoy, Wikipedia contradice semejante afirmación. Un amigo que fue conmigo la recuerda como “esa donde la mina le hace la paja a un viejo en el medio del campo”. Dos años después veo Tropical Malady. Yo, que cual cartel promocional tampoco tengo miedo a las exageraciones, puedo afirmar que fue una de las mejores películas que vi en mi vida. La historia es bastante simple: dos hombres recorren una ciudad, se prueban zapatillas y hablan. Uno de sus temas de conversación es que en la selva hay un hombre que se convierte en tigre y mata gente. La segunda parte de la película es uno de estos hombres perdido, que obviamente se encuentra con el tigre en la mitad de la noche, y que, no tan obviamente, escucha cómo el tigre trata de convencerlo de las ventajas del desgarrado y posterior engullido de su cuerpo. Después le tocó el turno a Sindromes and a Century, una historia con tintes autobiográficos que sucede en la sala de espera de un hospital, por decirlo de alguna corta manera. A El hombre que podía recordar sus vidas pasadas, mi amigo antes citado seguramente la recordaría como “esa en la que la mina garcha con el pescado”.

La verdad es que no voy a entrar en discusiones sobre categorías tales como cine-arte, cine independiente, cine político o similares. Tampoco me voy a preocupar por los calificativos de snob o interminables debates con fundamentalistas del cine pochoclo. Lo que voy a decir es que: el equivalente en literatura del cine de Apichatpong sería la poesía (género, fijate qué curioso, que no me banco mucho) donde el mensaje es más importante que seguir alguna estructura clásica narrativa. Y que si en algún momento te agarra ganas de ver una historia que no te cuente lo mismo de la manera de siempre, entonces sí, mirate alguna de éstas. Y lo que sí le voy a discutir a cualquiera, y hasta lo espero a la salida si es necesario, es que sin lugar a dudas las imágenes más bellas y poderosas que ha dado el cine últimamente han sido creadas por este tailandés de apellido impronunciable.

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