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El triplete nacional: 1) Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo

17 May

Otro homenaje de Cohn y Duprat al mejor narrador oral de la Argentina. No sólo está basada en un relato suyo: Laiseca es parte de la película. Y hace de él; no de contador de historias tenebrosas ni de loco fumador compulsivo que mira a cámara y habla con la seguridad pícara del que la tiene muy clara. Laiseca escritor cuenta detalles de la trama -agregándole condimentos propios: vozarrón, acidez, una forma hasta de meter la puteada- con una biblioteca a su espalda, y sin muchas morisquetas. A veces también su voz en off se intercala con la del protagonista (un Emilio Disi impecable).

Entonces, repito, por las dudas: la película es el cuento de Laiseca adaptado, con un  guión lleno de aciertos -a los que ya los directores nos tienen acostumbrados- pero que funciona como una puesta en escena del texto (que si quieren saber de qué se trata, acá) a la que se le ven todas las costuras: dos partes bien marcadas, con conflictos claros y desenlaces, un bache en el medio (algo que en el relato seguramente es una elipsis bien lograda y necesaria), y con intervenciones que en cualquier otra película (que no sea documental) sobrarían (aunque hay que decir que Laiseca siempre, siempre te saca una sonrisa). La escena del chico que mira a su padre cortar el pasto encuentra sentido sólo en la explicación que  da después el escritor sobre por qué la incluyó en su cuento (un gran momento del autor, que pese al humor deja bien en claro el odio hacia su padre y los mecanismos que pueden llevarnos a escribir algunas cosas).

Sí, ya lo dijeron, tenían que decirlo (después no se quejen si Diego Rafecas pide a gritos de facebook la prohibición de los críticos de cine): la película no es tan redondita como El hombre de al lado. Pero las líneas de diálogo, en su mayoría, funcionan a la perfección. Hasta Darío Lopilato se luce (sobre todo en la escena en que es lapidario con una novia pueblerina a la que deja). Poncela está correcto, no es el gallego histérico y drogón que recordamos de algunas películas (Martín Hache). El resto del casting no tiene fisuras: la mujer de Emilio Disi es simplemente increíble. Y hay grandes frases, de ésas que todavía te hacen reír cuando ya saliste del cine (sólo en el Gaumont) y estás comprando empanadas fritas en La Americana (continuará…).

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