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La tierra del cliché

31 May

Portlandia arranca con un número musical. Eso me hizo sospechar muchísimo, primero porque los musicales no son de mi preferencia, y segundo porque el tema hablaba de lo que pasaba en los ´90 en Estados Unidos y temí que la serie fuera total y absolutamente localista. Pensé que me quedaría afuera de todos los chistes.

Bueno, no. El musical con el que arranca Portlandia no es en realidad un manifiesto explicativo de la serie que vamos a terminar viendo. Pareciera una licencia poética: hablar de los clichés de hace quince o veinte años cuando, en realidad, la serie trata de los clichés de hoy.

De qué la va: sketches. Pequeños videos de entre dos y tres minutos que atacan a todas las tribus urbanas que podamos imaginarnos. Hypsters. Geeks. Hippies. Punks. Fundamentalistas de la decoración. Ciclistas. Feministas. Vendedores de celulares. Parejas progres. Dos o tres minutos que plantean el cliché y lo destrozan. Y tal vez en el planteo del cliché esté el problema: está todo tan hiperbolizado que el efecto se pierde, se vuelve previsible: las feministas son todas lesbianas, los hippies caminan por la calle hablándole a las plantas, los punks gritan y los vendedores de celulares marean con tantas opciones de planes.

Fuera de ese detalle, y como toda serie de sketches, tiene momentos grandiosos y momentos para aprovechar e ir a calentar el agua para el mate. Me quedo con los grandiosos porque me sacaron carcajadas (los fanáticos de la comida orgánica que viajan hasta la granja donde se crió el pollo que van a comerse para ver si realmente se crió con toda la libertad que la camarera afirma), y porque en ciertos casos, la exageración extrema está perfectamente utilizada (en este sentido colabora la edición de ciertos segmentos, atenti al video que pongo abajo). Suman (y mucho) las participaciones especiales de Kyle MacLachlan, Aubrey Plaza, Steve Buscemi, Selma Blair (que está más linda que nunca), Jenny Conlee (de The Decemberists) y Gus Van Sant (entre muchos más), y en especial las actuaciones de Aimee Mann y Sarah McLachlan haciendo de empleadas domésticas de la pareja progre que las admira pero al mismo tiempo les hace notar que no limpiaron bien la cocina.

Voy a terminar de ver el último capítulo de la temporada y voy a esperar a que salga la segunda (falta mucho, algo así como siete meses) porque a pesar de las fallas en ciertos segmentos, hay algo que no puedo negar: la pareja protagónica (Fred Armisen y Carrie Brownstein) me parece excepcional.

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