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La serie que no entendía si me gustaba o no me gustaba

29 Jun

Así como con la música me pasa que me gusta o no me gusta y no puedo dar razones ni explicaciones, con otras cosas me pasa que no sé. No sé si me encanta lo que estoy viendo o leyendo. Directamente, no puedo formar una opinión.

Eso fue lo que me pasó con los primeros seis o siete capítulos de Running Wilde: no sabía si me gustaba. Percibía que algo no me cerraba pero seguía mirando. Qué pasa en el primer episodio: Puddle, hija de Emmy -que sí, las sospechas quedan cofirmadas: Emmy es Felicity, y sí, Felicity fue creada por JJ Abrams- (madre soltera, ecoterrorista part time) le pide por favor a su mamá que dejen de vivir en la jungla, que por favor, que quiere tener una vida normal. Caen en lo de Steve (soltero, millonario full time) porque Emmy es hija de una ex mucama de Steve y ellos fueron amigos en la adolescencia y casi casi un poco más. Entonces: lucha entre la riqueza y la pobreza, entre el trabajo y la holagazanería, entre tener y no tener, y querer y no poder, o poder y no querer. Y en el medio, la casi casi historia de amor entre Emmy y Steve.

En el séptimo u octavo episodio me di cuenta: no me gusta Emmy. No me gusta su falso ecologismo y su lucha hipócrita. No me gusta que la juegue de orgullosa, que no acepte un regalo, que mienta todo el tiempo, que nunca llegue a ser graciosa. Y lo raro, o llamativo, es que Steve también es mentiroso, vago e hipócrita, pero es uno de los actores más graciosos que haya visto en toda mi vida.

La serie tiene “momentos carcajada” y momentos “qué porquería”. Tiene personajes secundarios increíbles que merecen un post aparte, especialmente Fa´ad, vecino millonario y amigo/competidor de Steve. Yo ni siquiera conocía a Meter Serafinowicz, el actor que hace de Fa´ad, pero sólo poniendo su nombre en youtube me di cuenta que es grosso. Grosso de los que son grossos de verdad, de esos que hacen cualquier cosa y son graciosos. Para muestra basta un click. Y otro. Y otro más.

También cotizan mucho los demás personajes secundarios: el niñero gay de Steve, el chofer que hace las veces de amigo fiel y el prometido de Emmy, un boludo bárbaro al que con el correr de los episodios se le toma un toque de cariño.

No entiendo, todavía sigo sin entender, a quién está orientada la serie. La voz en off que acompaña y en algunos casos sobreexplica las situaciones es la de Puddle, la niña hija de Emmy que a veces va de niña prodigio y a veces de niña inocente, le da un aire medio familiar a la serie, pero no me imagino una familia sentada mirando la serie como sí me imagino una familia sentada mirando Modern Family. Es el único punto que me quedó colgado cuando terminé de ver la primera temporada. Aunque tampoco creo que importe tanto.

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